El transporte aéreo requiere consumo de energía, que actualmente implica a su vez un consumo de recursos naturales no renovables (fuentes fósiles como los derivados del petróleo) al tiempo que emite contaminantes a la atmósfera que afectan a la calidad del aire y contribuyen al efecto invernadero.
La eficiencia energética contribuye al uso sostenible de la energía. Básicamente, la mejora de eficiencia implica que el consumo energético sea menor sin que disminuyan la movilidad de las personas y las mercancías.
Manteniendo como prioridad la seguridad de las operaciones aéreas, la eficiencia energética constituye la medida más eficaz y económica de reducir las emisiones de la aviación en el corto plazo. No sólo supone un beneficio medioambiental sino un gran beneficio económico y estratégico.